Cómo los datos mal usados hundieron el fraccionamiento pesquero: 5 consecuencias clave
Lo ocurrido pone en evidencia la necesidad de un enfoque estructurado y responsable para la gestión de la información, especialmente cuando esta respalda decisiones legislativas o de política pública. A continuación, se describe cómo se debió abordar la situación desde una buena práctica en el uso de datos:

1. Claridad en los objetivos y preguntas clave
Antes de recopilar cualquier dato, debió definirse con precisión qué se quería responder: ¿Cómo se distribuyen actualmente los recursos pesqueros? ¿Quiénes se ven beneficiados y en qué medida? ¿Qué impactos económicos y sociales están en juego? Esto evita interpretaciones ambiguas y ayuda a seleccionar indicadores relevantes.
2. Recolección de información desde fuentes confiables y diversas
La validez de cualquier análisis depende de la calidad de los datos base. En este caso, era clave considerar múltiples fuentes: informes técnicos, reportes sectoriales, estudios académicos y datos provenientes de las comunidades locales. Cruzar estas fuentes permite validar tendencias y detectar posibles sesgos.
3. Transparencia en las definiciones y metodologías
Una práctica fundamental es dejar explícitas las definiciones utilizadas (por ejemplo, qué se entiende por “participación”, “cuota” o “beneficiario”) y cómo se calculan los indicadores. Esto permite que otros puedan replicar el análisis y que las decisiones sean auditables.
4. Visualización clara y contextualizada
Los datos debieron ser presentados con un enfoque pedagógico, permitiendo a todos los actores—técnicos o no—comprender el diagnóstico. Usar gráficos comparativos, mostrar tendencias en el tiempo y dar contexto histórico o territorial ayuda a evitar malentendidos y a promover una discusión más informada.
5. Espacios de revisión colaborativa
Antes de presentar públicamente la información, es recomendable someter el análisis a revisión por parte de expertos independientes y representantes de los distintos sectores involucrados. Esto no solo fortalece la calidad del diagnóstico, sino que también genera mayor legitimidad.
El caso del fraccionamiento pesquero deja en evidencia que el mal manejo de los datos no es solo un error técnico, sino un factor de alto riesgo político, social y económico. La falta de rigurosidad, transparencia y contextualización en el uso de la información derivó en desconfianza, polarización y pérdida de legitimidad en un proceso que requería justamente lo contrario: acuerdos sólidos y visión de largo plazo.
En tiempos donde los datos deben ser una herramienta para construir puentes y tomar decisiones informadas, este episodio demuestra que usarlos mal —o comunicarlos de forma irresponsable— puede terminar por dinamitar incluso las mejores intenciones. Si se quiere avanzar en políticas públicas sustentables y con respaldo ciudadano, el compromiso con la verdad, la precisión y la participación no es negociable.